
En Francia, un establecimiento escolar de cada dos ya ha sido el objetivo de un intento de phishing o de un ataque informático. Sin embargo, la mayoría de los incidentes de seguridad aún proviene de comportamientos cotidianos: contraseña compartida, archivo adjunto abierto sin verificación o publicación de información personal en una plataforma educativa.
Las fallas no se encuentran únicamente en los sistemas, sino también en los hábitos. La vigilancia de los adultos supervisores y el aprendizaje progresivo de los buenos reflejos digitales por parte de los más jóvenes se vuelven determinantes para limitar los riesgos y proteger los datos escolares y personales.
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Por qué la seguridad digital se ha convertido en un tema importante en la escuela y en casa
Los riesgos relacionados con lo digital ya no perdonan ni a los establecimientos escolares franceses ni a las familias. Los ataques informáticos se intensifican, con su cortejo de robos de datos, intentos de phishing, intrusiones en los ENT o incluso en los mensajes educativos. Según un informe del ministerio de Educación Nacional, las alertas sobre estos incidentes han aumentado más del 30 % en 2023. El auge de las herramientas colaborativas y la creciente presencia en las redes sociales exponen a estudiantes, docentes y padres a nuevos peligros, a menudo poco conocidos o subestimados.
Ahora, la ciberseguridad se inscribe en la vida cotidiana: aulas, oficinas administrativas, salas familiares. Las campañas de sensibilización llevadas a cabo por l’ANSSI o difundidas a través de PHAROS no son suficientes para frenar los ataques. La Operación Cactus, que ha desestabilizado a varios establecimientos, lo ha demostrado: es hora de hacer de la ciber-resiliencia un verdadero reflejo compartido.
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En cada nivel del sistema educativo, la cuestión de la gestión de accesos y contraseñas, la elección de herramientas seguras como el webmail de Caen, o la vigilancia frente a perfiles falsos y mensajes engañosos, se impone. Las familias también están involucradas. El papel de los padres, su capacidad para transmitir buenos usos y estar atentos a la vida digital de sus hijos, pesa mucho en la construcción de una cultura de la seguridad, aún muy poco extendida en Francia.

Los buenos reflejos para compartir con los jóvenes para navegar con tranquilidad por Internet
Desarrollar una verdadera higiene digital en los estudiantes comienza desde los primeros pasos en Internet. Los gestos simples, repetidos, se convierten rápidamente en automatismos. La experiencia muestra que no se trata de imponer, sino de transmitir, de explicitar, de mostrar concretamente lo que funciona, ya sea en clase, en casa o entre pares.
A continuación, algunas prácticas imprescindibles a integrar tan pronto como se aventuren en línea:
- Elegir contraseñas sólidas y diferentes para cada servicio utilizado, y apoyarse en gestores de contraseñas adecuados al entorno escolar.
- Verificar sistemáticamente el remitente antes de hacer clic en un enlace o abrir un archivo adjunto, para no caer en la trampa del phishing.
- Configurar la privacidad de los perfiles en las redes sociales para limitar la circulación de información personal.
El ciber guía familiar elaborado por el Ministerio de Educación Nacional anima a convertir estos reflejos en verdaderos hábitos. En varias academias, como la de Versalles, los referentes de ciberseguridad insisten: la vigilancia de cada uno, jóvenes, padres, docentes, constituye el muro más fiable frente a los ataques.
Formar, responsabilizar, acompañar
Adquirir competencias digitales sólidas requiere tiempo y acompañamiento. La formación continua de los docentes, el acceso a recursos fiables y un apoyo concreto a las familias figuran entre los mecanismos ya implementados. Iniciativas del Campus Cyber, talleres de sensibilización sobre Open Source Intelligence (OSINT): tantas oportunidades para descubrir las profesiones de la ciberseguridad y construir, desde hoy, una generación de usuarios informados y responsables.
Frente a la aceleración de las amenazas, la seguridad digital ya no es un asunto de expertos. Es un reflejo colectivo que hay que cultivar en cada momento, para que la escuela y el hogar sigan siendo refugios, y no terrenos de caza para cibercriminales.